Bares para 25667

Mientras, los vecinos siguen protegidos con mascarillas, se ordenan religiosamente para comprar el pan o la fruta, mantienen la distancia de seguridad de 1,5 metros y apenas notan diferencias respecto a la fase anterior. Asegura que todavía no hay normalidad, ni nueva ni antigua. Ella y todos coinciden, por distintas razones, en que ha aterrizado de forma parcial. Y es que, al tiempo que el Gobierno gallego se adelantaba al resto en solicitar el fin de la alarma, dictaba, dentro de sus competencias recobradas, nuevos límites a la actividad comercial y hostelera. Los bares, por ejemplo, no pueden abrir al cien por cien. Todos los clientes son muy respetuosos y se preocupan por la desinfección, cuenta Pedro Vecino, propietario del bar Vecino, que ya ha quitado las parcelas de la barra aunque todavía no ha puesto taburetes. Mónica Prieto abrió el local el 27 de diciembre, por lo que la pandemia les pilló arrancando.

Tus manos mis manos

Todo empezó hace cuatro años, cuando los primos Jacobo y Alberto Graco se enteraron de que un tío ausente, Francisco Graco, se había dedicado a hacer rótulos para comercios en Madrid y decidieron buscar algunas de sus obras. Uno de sus proyectos es poder realizar una exposición en la ciudad, como ya la hicieron en Madrid, desempolvando antiguos rótulos y nombres. No buscan tampoco que los comerciantes y hosteleros tengan la obligación de conservar los rótulos sino que reflexionen sobre ello antes de tirar lo que fue una seña de filiación de la ciudad.

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Levante hecho, que tuvo lugar en el barrio La Coruña, de Ciudad Bolívar, se suma a otros dos intentos ciudadanos de tomar justicia por su propia mano en menos de una semana. En años recientes, sectores capitalinos han protagonizado, con preocupante frecuencia, estos actos de barbarie. Hay muchos casos que hoy han pasado al laguna, como el de un anciano de 72 años asesinado en agosto del en medio de una asonada de sus vecinos, que creyeron que estaba abusando de una niña. Esta es una peligrosa tendencia a la que hay que ponerle punto final. Esta doble característica quedó magistralmente consagrada en la literatura española en Fuenteovejuna, de Lope de Vega.

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